Por qué fracasó Google +

El 4 de febrero de 2019, Facebook cumplió 15 años. Lejos de ser una niña bonita, desde hace 11 que está consolidada como la principal red social del mundo. El 80% del dinero que mueve la publicidad en Internet pasa por la empresa de Mark Zuckerberg y una de cada tres y media personas en el mundo tiene su perfil en ella. Facebook no sólo es una red social, sino que ante todo es la red social que nos hizo ver el verdadero alcance que podían tener las redes sociales.

Curiosamente, el 4 de febrero de 2019 es también el día oficial de la defunción de Google+. Por supuesto, esto no afectó a Gmail, Drive, GSuite, Maps, YouTube ni todos los demás productos de Google. El problema con Google+ fue desafiar a Facebook en el momento en que era más fuerte.

Google lanzó G+ el 28 de junio de 2011 para reemplazar a la efímera Google Buzz, su primera incursión en redes sociales. Para entonces, ya había conseguido desbancar a Hotmail del trono de los email gratuitos (en buena medida gracias al éxito de los smartphone Android), y quiso hacer una red social que compitiera con Facebook. Pero en una época en que todavía no existía Instagram y Twitter se iba perdiendo en sus propios vicios, Facebook era donde se encontraba prácticamente todo el mundo.

De manera que Google lanzó Plus en el peor momento posible, cosa rara para la gente de Redmond, y fue peor todavía cuando quiso obligar a los usuarios de Android a usarlo. Le salió tan mal como cuando Microsoft integró el Internet Explorer en Windows 98.

Las redes sociales son básicamente economías de red. Cuanto más gente participe en ellas, mayor es el valor que aportan a cada uno. La gracia de estar en una es poder encontrar allí a todos tus amigos, pero si tus amigos ya están en otra parte (y no tienen intenciones de irse de ahí) ¿para qué vas a ir vos?

Imagen de kropekk_pl en Pixabay 

Ahora, si Instagram comenzó a crecer fue porque ofrecía algo distinto a la propuesta de Facebook. Pero Google+ era demasiado parecido. Tenía un diseño más fresco y agradable, pero las novedades que presentaba no eran nada que Facebook no pudiera replicar, como efectivamente lo hizo. Y la gente nunca se enganchó.

Entonces, entrar a Google+ era como hablar por teléfono en la época de Alexander Graham Bell. Los que lo usaban estaban encantados. Pero eran muy pocos.

Así que nada, lo inevitable. Google+ se fue apagando de a poco hasta que finalmente Google tomó la sabia decisión de discontinuarlo. Ahora, cuando tal vez sí el mundo esté necesitando alguien que se le plante a la F, la estrella del que pudo haber sido su gran competidor se apaga. Mala suerte, Google. Seguramente no sea tu última incursión en redes sociales. Veremos la próxima.

La sinergia como motor de tu emprendimiento

En pocas palabras, sinergia es cuando dos o más fuerzas combinadas obtienen resultados superiores a los que habrían alcanzado actuando individualmente. Se aplica a engranajes, a organismos, y por qué no, a emprendedores.

Sinergia es colaboración, incluso cooperación, pero en realidad es mucho más que eso. Es cuando entendemos que el otro, aunque sea nuestro competidor, no es un enemigo, y entendemos que trabajando juntos nos puede ir bien a todos. Es dejar de lado la suma cero en la que para que alguien gane otro tiene que perder, y lograr entre todos que 1+1 sea igual a 10, o más.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 

Sinergia es dejar de aislarnos y sumarnos a comunidades que tienen el beneficio mutuo como objetivo. No buscar quedarnos con la ventaja, sino levantar a nuestro compañero en andas para que alcance la manzana que vamos a compartir. Sinergia es tener la convicción de que cuando ayudo a un par me estoy ayudando a mí.

Sinergia es caminar juntos hacia un nuevo sistema en el que todos ganen y nadie pierda. Formar parte de una revolución silenciosa y disruptiva, en la que todas las viejas prácticas de individualismo y desconfianza sean reemplazadas por consciencia de equipo.

Sinergia es lo que va a salvar al mundo. Y ya empezó.

Cómo medir la temperatura del público

La temperatura es básicamente el nivel de conocimiento que tiene el público al que te estás dirigiendo acerca de quién sos y qué hacés. Por eso es importante tenerla en cuenta y diseñar distintas estrategias a través de embudos de venta para cada público.

Público frío

En principio, el público frío es aquel que jamás escuchó hablar de vos. Es posible que responda a todas las características de tu cliente ideal y eso lo convierte en un muy buen prospecto. Pero nunca escuchó tu nombre. Esto se aplicaría, por ejemplo, a públicos que elegiste por una combinación de intereses y datos demográficos (segmentación) o a públicos a los que llegaste por su afinidad con tus clientes y seguidores (públicos similares). Lo mejor para llegar a este público es a través de contenidos de valor, principalmente (pero no exclusivamente) educativo.

Público tibio

Ahora, el público tibio ya te conoce, pero todavía no está listo para comprarte. Vio algún video tuyo, suele encontrarse con tus anuncios, puede ser que haya visitado tu página. Si le dicen tu nombre lo reconoce vagamente. Pero no le pidas plata porque (todavía) no te la va a dar. Lo podés encontrar entre likes, comentarios e interacciones varias. Las publicaciones de branding que fijen cada vez más tu marca en su inconsciente y las campañas de email marketing lo van a ir poniendo a punto para la próxima etapa del embudo.

Imagen de Paul Tate en Pixabay 

Público caliente

El público caliente ya confía en vos y está listo para comprarte, o incluso ya te compró. Lo encontrás en tu base de clientes y entre quienes ya tienen cierto trabajo realizado a través de redes e email. Confía plenamente en tu expertise y en cuanto le hagas una oferta te va a comprar. Consejo: estate muy atento. No lo arrebates, pero tampoco lo dejes estar. Y sumalo a tu comunidad. Ese es el cliente fiel que te va a acompañar y recomendar. Cuidalo.

Crear contenido que mueva pasiones

Imagen de Gloria Williams en Pixabay

La mejor manera de lograr que una comunidad participe es apelar directamente a las pasiones de los miembros. Es por eso que cada tanto, sin demasiada frecuencia para que no sea desgastante, pero con la suficiente como para que la gente pida más, hay que llevar adelante una estrategia que impacte en el corazón mismo de la gente.

El Caballero Zarrapastroso

Gonzalo era uno de los miembros más viejos de La Banda de GoT, y uno de los primeros en posicionarse como moderador. Un día trajo una idea: Hacer un torneo de caballería entre los fans de la serie (y de los libros) para que sus personajes favoritos combatieran entre ellos. Resultó ser una de las actividades de mayor participación de La Banda.

El Torneo

La dinámica era la siguiente: Armamos un esquema de doble llave entre 32 personajes. Cada uno debía combatir mano a mano contra otro. El que ganaba pasaba a la siguiente ronda: Primera Ronda, Octavos de Final, Cuartos de Final, Semifinal y Final. 

Se realizaba un combate por día. Primero se anunciaba un combate entre dos personajes para determinada hora. Eso ya iba generando determinada expectativa. A la hora señalada se publicaba una encuesta con un plazo de finalización. En la encuesta los miembros del grupo votaban por su personaje favorito, pero además debían justificar su voto. Eso generaba unos niveles de interacción increíbles.

Al cumplirse el plazo se cerraba la encuesta y se anunciaba el ganador. 

El resultado

Día a día el engagement del público iba creciendo. Durante el tiempo que duró el Torneo (alrededor de dos semanas) la interacción en la comunidad se fue a las nubes. Lamentablemente no había herramientas para medirla en esa época. El Torneo del Caballero Zaparrastroso rompió todos los antecedentes de participación en la comunidad hasta entonces.

Por supuesto, después hubo otras cosas que salieron mucho mejor. Pero las voy a dejar para la próxima.

Moraleja

Lo importante a considerar es lo siguiente: Era una comunidad de fans de Game of Thrones, y la oportunidad de ver peleando entre sí a personajes que jamás se iban a encontrar era, para ellos, maravillosa.

En esta ocasión, Gonzalo encontró la fibra exacta donde se movían las pasiones de nuestro público. Y pudo hacer eso por el conocimiento mismo de la comunidad que le daba la interacción constante.

Si manejás una comunidad necesariamente tenés que conocer las pasiones de tus miembros. Y si las usás para movilizarlos vas a conseguir que te respondan sin siquiera pensarlo.

¿Todavía no manejás una comunidad?

Cómo enfrentar un conflicto grave en tu grupo de Facebook

Así como administrar comunidades es una actividad que está llena de buenos momentos, también es cierto que cada tanto hay que soportar un mal trago. Esto viene a cuento de lo que hacer cuando se desata un conflicto grave en tu comunidad. 

Por supuesto que no hay una fórmula infalible para esto. Cada ser humano es único, y los problemas que puede traer también lo son. Por eso vengo a ilustrar con un caso concreto que me tocó resolver de la mejor manera que pude, que no siempre es la más agradable

Una buena compañera

Patricia se había unido a la comunidad hacía un par de meses, y en ese tiempo había hecho varios amigos. Solía compartir buen material y participaba activamente en debates y consignas. Era un miembro de los que da gusto tener. 

Nuestra relación, incluso, había trascendido la virtualidad. Para año nuevo de 2014 había invitado a varios miembros del grupo a hacer un asado en su quinta de zona Norte del Gran Buenos Aires. Todavía no existía la figura del moderador en Facebook, así que había unos cuantos administradores invitados para la ocasión. 

Reconozco que era una excelente anfitriona y la pasamos todos muy bien. Por eso fue tan sorpresivo como chocante cuando apenas unas semanas después se desató el caos

Abuso de confianza

Los detalles no vienen al caso. Solamente diré que en un posteo en el muro de la comunidad, Patricia comenzó a exigir un tratamiento especial para ella en el grupo, contrariando las Reglas de Convivencia que para ese momento ya eran nuestra Ley Fundamental

Al principio tratamos, los demás administradores y yo, de hacerle entender por las buenas que su reclamo simplemente carecía de sentido, ya que los procedimientos normales eran claros. Sin embargo ella se ponía cada vez más violenta y agresiva, al punto que se hacía casi imposible hablar. 

Fue entonces que uno de mis compañeros me hizo ver aquello que yo estaba evitando: “Expulsamos gente del grupo por mucho menos. ¿Por qué somos tan contemplativos en este caso?”. 

Una decisión incómoda

Yo había compartido la mesa con ella y su familia, e incluso había pasado una tarde en su piscina. Pero no podía consentir esta actitud. No me quedó más remedio que bloquearla del grupo. 

Lo peor fue que una vez eliminada ella y borrada la publicación original, hubo otros dos miembros que seguían con el mismo reclamo. También tuve que expulsarlos

Hoy hay otras herramientas, como silenciar a miembros o cerrar comentarios, con las que entonces no contaba. Hubieran sido útiles para no tener que tomar medidas tan drásticas. Pero en ese momento no tenía alternativa. La salud de la comunidad es lo primero. 

Ser administrador o moderador muchas veces implica ser el malo de la película, y ponerle límites a los otros miembros. Una comunidad no es una democracia, y el ejercicio de la autoridad con frecuencia es necesario. 

La salud de la comunidad

Si la comunidad está bien moderada, por cada Patricia hay diez, cincuenta o cien miembros positivos de los que nos gusta tener. Eventualmente, luego de sacar toda la maleza, la comunidad puede llegar a funcionar en piloto automático. Pero para llegar a eso, hay que sacar la maleza a tiempo. No es bonito. No es agradable. Pero es necesario. 

Tomando decisiones incómodas a tiempo nos aseguraremos de que nuestra comunidad crezca fuerte y saludable. Nuestros mejores miembros nos lo agradecerán.