Publicidad por Whatsapp

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Con bastante frecuencia me llegan consultas acerca de enviar publicidad por Whatsapp. Personalmente creo que la publicidad a través de difusión por WhatsApp es invasiva, y no es uno de mis métodos favoritos. Te voy a explicar por qué, y esto más allá de las posibles penalizaciones que la plataforma pueda utilizar con quienes la hacen.

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WhatsApp es un medio que utilizo para recibir y enviar mensajes con prioridad, personales o laborales. De hecho, así es como lo usa la mayor parte de la gente. Whatsapp sirve para mandarle un saludo a tu mamá, arreglar la cena con tu novio, preguntarle a un cliente por una entrega o cosas por el estilo, Si me llega un anuncio por ese canal en general lo tomo como una molestia y no es raro que bloquee al emisor.

Sin embargo, es verdad que cuando uno tiene una base importante de teléfonos de clientes, es una manera bastante directa de llegar hasta ellos. Entonces, en caso de hacerse, hay que ser sumamente cuidadoso.

No se puede hacer venta por WhatsApp, el público no lo toma bien. ¿Qué se puede enviar entonces? Branding y contenido de valor, y con una frecuencia máxima de una vez por mes. Y resulta imprescindible un link que dirija a una landing page o cualquier otro lugar desde donde el embudo continúe por otros canales.

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Que quede claro: la idea no es vender a través de WhatsApp sino ingresar al cliente/prospecto en nuestro sistema. El email, en ese caso es un canal que da muchos mejores resultados, y en el que los destinatarios se sienten más habituados a recibir material de todo tipo.

Esto en buena medida se debe a que, en la mayoría de los casos, la gente no lee los mail en cuanto los recibe sino en un momento especialmente destinado a ello. Por eso no va a tomar tu mail como una interrupción. A un mensaje de Whatsapp sí.

Entonces: si lo vas a hacer, que sea con mucho cuidado. Es un consejo, nada más.

¡Sorteos!

Los sorteos en redes sociales son algo así como un gran agujero negro en el que muchos caen atraídos por su inevitable gravedad y otros los esquivan por las dudas. ¿Pero sirven realmente o no?

Hay que aclarar que en el caso de los sorteos está lo permitido y lo que efectivamente se hace. En principio, Facebook no permite realizar sorteos a cambio de likes y shares. Por supuesto que esto de todas formas es muy común. Lo vemos todos los días en nuestra home.

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Ahora bien, no vas a encontrar a Coca Cola, McDonald’s, Unilever ni Marolio haciéndolo. En general son muy pequeños emprendedores que buscan cosechar likes como si en ello estuviera el futuro de su negocio.

Esto nos presenta una doble falacia. Por un lado, si tu negocio es chico Facebook no se va a fijar en vos. Pero si empezás a crecer sí, y ahí es donde te arriesgás a que te penalice. Lo mismo si a alguien se le ocurre denunciarte.

Y por otro lado está la sobrevaloración de los likes. Tu negocio, o el de tu cliente, no vive de los likes, sino de las ventas. Los likes son espejitos de colores.

Si vas a hacer un sorteo, es mucho más efectivo que lleves a los participantes a un formulario donde carguen su nombre y mail para hacer remarketing a que juntes montones de likes de gente que jamás te va a comprar nada.

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Los sorteos son engañosos y de dudosa eficacia, pero si de todas maneras querés hacer uno, no te encandiles con los likes y mejor procurá obtener conversiones reales de prospectos calificados.

Por si aún no te diste cuenta, no. En este post no voy a sortear nada.

4 tipos de usuario que debés evitar

Al navegar en Internet, y particularmente si sos administrador de una comunidad, vas a encontrar a gente de todo tipo. Muchos de ellos te van a caer tan bien que los vas a querer invitar a almorzar a tu casa. Pero hay otros que son sumamente tóxicos, y por ese motivo hay que evitarlos a toda costa. A continuación te voy a contar cuáles son los 4 tipos de usuario que no querés en tu comunidad.

El Troll

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Es el tipo de persona que solo quiere ver el mundo arder. No importa lo que digas, nunca va a estar de acuerdo. Y te lo va a hacer notar de la peor manera, incluso con insultos y descalificaciones. Si se puso en contra de alguien y vos está de acuerdo con lo que dijo (aunque no en cómo), se las va a arreglar para agredir a los dos. Lo único que le interesa es generar conflicto y malestar. Un personaje para borrar automáticamente.

El Hater

Primo hermano del troll, el hater descarga su furia contra minorías seleccionadas. Puede odiarte por tu orientación sexual o política, por tu religión, por tu color de piel o por tu nacionalidad. Si caíste dentro de su rango de odio, va a hacer todo lo posible por que te sientas mal. A la papelera sin culpas.

El Spammer

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Este es sencillamente molesto, particularmente en grupos que no son de compraventa. La única actividad del spammer es dejar su publicidad, ya sea que te interese o no. Muchas veces ni siquiera contesta un comentario, incluso si le preguntas por su negocio. Molesta y no participa. Afuera.

El Bot

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Este ni siquiera es un usuario real. El bot se esconde detrás de una cuenta falsa y circula por los grupos de Facebook para liberar publicidad, virus o campañas proselitistas. Los administradores de grupos tienen que tener mucho cuidado con los bots, porque cuando entra uno, es porque atrás vienen muchos más.

Lo que el administrador de la comunidad debe hacer

Manejar comunidades es delicado. Los miembros de tu comunidad tienen que sentirse cuidados y protegidos cuando están en ella, porque de otro modo se van. Es por eso que si sos administrador de un grupo y aparece alguno de estos usuarios tóxicos, lo mejor es expulsarlos. Sin demoras y sin remordimientos. La salud de la comunidad es lo más importante. 

Si manejás una comunidad, no dudes en eliminarlos. Y si sentís que necesitás ayuda, contactame. Juntos podemos hacer que tu grupo se convierta en un lugar increíble.

Hacé click en compartir

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Veinticinco años atrás el acceso a la información era limitado. Para conocer sobre algún tema la gente todavía tenía que buscar libros, comprarlos (en el no tan seguro caso de que los encontrara), ir a bibliotecas o incluso averiguar por todos los medios posibles (que no eran tantos) si en su ciudad se daba algún curso relacionado. Internet ya existía pero su uso no estaba demasiado difundido. Las computadoras corrían con Windows 3.11 y los archivos casi siempre se compartían a través de diskettes que en el mejor de los casos almacenaban 1,2 Mb.

Quince años después, la llegada de las comunidades virtuales había cambiado todo. De repente sin moverte de tu casa podías recontactar viejos compañeros de secundaria perdidos por el mundo, charlar con desconocidos y ver las fotos de tus sobrinos segundos después de que fueran tomadas. Y lo más importante: compartir información de interés.

Ahora no solamente podés encontrar casi cualquier libro a través de Internet. Además podés contactar en una comunidad con especialistas en cualquier materia capaces de aclarar todas tus dudas. O debatir sobre temas de los que entendés, y compartir tus propios conocimientos.

Compartir

En realidad, lo más importante es eso: compartir. Ofrecer libremente tu conocimiento, tu experiencia y tus dudas. Así lográs hacerte visible. Tu nombre se convierte en marca, y tu opinión en referencia.

A muchos nos enseñaron que los magos no enseñan sus trucos, y que compartir lo que uno sabe te hace más débil frente a los demás. Tal vez hace mucho tiempo era así.  Por suerte el mundo cambió. Compartir aquello en lo que sos bueno se convirtió en un muy buen negocio. Porque compartir es ayudar, y la ayuda vuelve.
Por eso, si querés convertirte en el primer nombre que suena cuando se habla de lo que vos hacés, tenés que hacer click en compartir.

Pero no en el mouse. En tu cabeza.

Animate.

(¿Qué, llegaste hasta acá y no vas a compartir este post? Dale, compartí comentá, dale like y haceme feliz 😁)

Cómo pasé de la depresión a ser referente de mi comunidad

Cuando estamos mal, con frecuencia tendemos a creer que las cosas no tienen arreglo. Sin embargo, lo más probable es que se trate mucho más de una sensación que de la realidad.

En 2008 yo estaba en pleno proceso de divorcio. Mi matrimonio no había funcionado y estaba sin trabajo y lleno de deudas. En Argentina había mucho desempleo y simplemente parecía que jamás iba a reintegrarme al mercado laboral.

En medio de esta situación, y con el ánimo por el suelo, decidí ponerme a escribir cuentos

Paperback Writer

Ya en 2006 había escrito una novela que no pude publicar, y para evadir un poco los problemas reales y acuciantes que vivía, me escapaba retomando mi pasión por la literatura

Escribía cuentos de todo tipo. De ciencia ficción, de fantasía, de misterio, costumbristas, policiales, de terror, incluso eróticos. Y como no tenía dónde ponerlos, decidí abrir un blog.

La plataforma elegida no fue ni Blogger ni WordPress. Por aquella yo tenía muy poca idea sobre blogging, y haciendo caso a un ofrecimiento del Gran Diario Argentino me metí en Clarín Blogs. 

Interacción

Ahora bien, una vez en la plataforma, no me limité a subir mis cuentos y punto. También me puse a leer los cuentos y artículos de otros bloggers que estaban ahí. Y a comentarlos, por sobre todo. Ahí estuvo la clave.

Los seres humanos somos esencialmente sociales. Por este motivo, solemos estar muy pendientes de la atención del otro. Y de su aprobación, claro. Al comentar posteos de otra gente (en su mayoría desconocidos), ellos retribuían la visita comentando mis cuentos. Y a veces se formaban conversaciones muy interesantes. 

Para entonces mi público me aprobaba y me demandaba. Y yo siempre le daba más. Pronto estaba publicando un cuento de 800 palabras por día. Y religiosamente contestaba, visitaba y comentaba el blog de cada uno de mis visitantes. A veces ni siquiera los leía (confieso), pero nunca dejaba de estar presente

La Comunidad

De esa manera me fui haciendo conocido y respetado en la comunidad. Algunos de mis cuentos llegaron a tener cientos de comentarios. Aprendí las reglas de internet y comencé a incluir fotografías, música y video a mis post. Mis cuentos se habían vuelto multimedia. Y luego se volvieron capítulos de obras más largas.

Sin querer al principio, deliberadamente después, me había convertido en alguien popular. Tenía fans, autoridad e influencia. Empecé a generar encuentros reales que trascendieron la virtualidad y la comunidad de Clarín Blogs se convirtió en una pequeña tribu de la cual yo era uno de los referentes.

A partir de entonces tuve colaboraciones con otros escritores, entrevistas y participaciones en radio. En 2009, en la Feria del Libro de Buenos Aires, llegué a ser entrevistado en el stand de Clarín en representación de la comunidad. Fue el punto más alto, y también uno de los últimos, de una relación que llegaba a su fin.

Feria del Libro de Buenos Aires, 29 de abril de 2009

Hoy la comunidad de Clarín Blogs ya no existe. A muchos amigos de aquella época los tengo como contactos en Facebook. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pero aquella experiencia me demostró todo el potencial que tiene una comunidad.

Lo que vino después 

Nunca dejé de transitar ese camino. Con el tiempo descubrí los grupos de Facebook, y hoy la gestión de comunidades es mi pasión y mi principal actividad. 

Vivir en comunidad es inevitable, pero para que las comunidades funcionen bien, hacen falta personas que se pongan al frente de ellas. 

Mi nombre es Mauricio Howlin. Manejo comunidades para mí y para otros. Y enseño a manejarlas a todo el que quiera aprender.

¿Tenés amigos? ¿Tenés colegas? Seguramente hay muchos alrededor tuyo que sienten la necesidad de que alguien los empuje a hacer cosas.

Vos también podés ponerte al frente de tu comunidad. ¡Hacelo!

Y si manejás una comunidad, y sentís que necesitás ayuda, contactame. Juntos podemos hacer que tu grupo se convierta en un lugar increíble.