Por qué la Misión, Visión y Valores Marcan el rumbo de tu emprendimiento

Es muy común que veamos la misión, visión y valores en la página web de las grandes empresas. Son frases inspiradoras que suenan muy bien, pero…
 
¿De qué se trata eso de misión y visión? ¿Vale la pena que un pequeño comerciante, una empresa familiar o un emprendedor las tengan? Sí, vale mucho, y en este post te voy a contar por qué.
 

Todo camino necesita un norte

Tanto si eres el dueño de una panadería, un diseñador freelance o un personal trainer, la única manera de llegar a algún lado con tu negocio es saber hacia dónde te diriges.
 
Millones de emprendimientos fracasan cada año porque jamás tuvieron una estrategia clara, una intención de origen.
 
Desde el momento cero tienes que tomar decisiones, y si no tienes una meta clara del lugar al que quieres llegar, será muy fácil que pierdas el rumbo. En ese sentido, la misión, la visión y los valores de tu empresa funcionan a modo de brújula.
 
Veamos entonces qué son y cómo se usan.
 

La Misión

En este (más o menos) breve enunciado, se condensan nada menos que las intenciones que tuviste al momento de poner tu negocio en marcha. Y tal vez, en un primer momento aparezcan algunos motivos no tan glamorosos.
 
“Hago mermeladas porque quiero ganar plata para llegar a fin de mes”.
“Construyo sitios web porque necesito un ingreso extra para la escuela de mis hijos”.
Me quedé sin trabajo y tengo que vivir, así que instalo acondicionadores de aire”.
 
Todas estas son motivaciones tan comunes como válidas, pero ¿qué hay detras de ellas?
 
El que instala acondicionadores no construye sitios web, y viceversa. Hay una motivación detrás de la elección de su negocio, que está relacionada con sus habilidades, talentos y pasiones. Esa es la misión.
 
La misión es la razón por la que hacemos lo que hacemos. Esto es válido no sólo para organizaciones/empresas/emprendimientos, sino también para personas.
 
Cada uno de nosotros tiene su propia misión personal, y es fundamental tenerla en claro para poder actuar con claridad en cada uno de los órdenes de nuestra vida.
Con las organizaciones pasa algo similar. La misión es aquello por lo cual nos metimos en el baile, lo que vinimos a hacer.
 
Si la misión de Google es organizar la información del mundo y lograr que sea útil y accesible para todos, la misión del instalador (llamémosle Juan) puede ser facilitar el uso de dispositivos de refrigeración para empresas y particulares en el ámbito de influencia de la ciudad de Rosario, con un servicio de excelencia y precios competitivos. Lo importante es que para crecer y no desviarse del camino hay que saber bien adónde se quiere ir.
 

La Visión

Si la Misión es lo que vinimos a hacer, la visión es adónde queremos llegar. En este caso es bueno volar alto. No tanto como para quemarse con el sol, pero lo suficiente para sentir que la meta vale el esfuerzo. Una vez más, la Visión no tiene que ver con cuánta plata ganar, sino con qué es lo que quieres lograr con tu emprendimiento en un plazo determinado.
 
Para el caso de nuestro amigo Juan, su visión a cinco años bien podría ser “convertirse en la principal opción para servicios de instalación de dispositivos de refrigeración en el área metropolitana de Rosario, Gran Rosario y Victoria para el año 2024”.
La visión puede ser alcanzada y reformulada, puede ir mutando a medida que se avance, y puede convertirse en algo completamente distinto al plan original.
 
Es necesario que esté bien clara, ya que será el objetivo clave de la empresa, hacia donde apuntarán todos los cañones y en base a la cual se trazarán todas las estrategias de marketing y comunicación.
 

Valores

La tercera pata de esta mesa virtual son los valores de la empresa. Si la Misión y la Visión están claras, pero los valores con que lograrlas no, se corre el riesgo de tropezar una y otra vez con conflictos éticos.
 
Vamos a apelar una vez más al querido Juan, quien ha recibido una propuesta de una importante empresa para realizar el recambio de todos los equipos de aire acondicionado de su planta a orillas del Río Paraná.
 
En principio, este trabajo se encuentra alineado con su Misión y con su Visión. Sin embargo, la propuesta incluye el uso de materiales de baja calidad para bajar el costo del servicio. Además, Juan se entera de que los equipos retirados irán a parar a un parque de desechos ubicado sobre la costa del río, con el correspondiente daño ecológico que eso originaría.
Juan decide rechazar la propuesta, ya que los valores de su empresa son la honestidad y el compromiso, con la firme decisión de minimizar el impacto ambiental y la responsabilidad de ofrecer un servicio sustentable y amigable con el planeta. Él sabe
que de esta manera pierde un cliente, pero está más tranquilo con su conciencia. También sabe que sus valores le jugarán a favor en futuras contrataciones.
 
La Misión, la Visión y los Valores son las herramientas fundamentales al momento de diseñar la estrategia de un emprendimiento. Solo cuando sabemos bien lo que queremos podemos poner el foco en alcanzarlo.
 
Espero que este artículo te sea útil, y si tienes algo para agregar me encantaría leerte en los comentarios. Nos vemos la próxima.

15 tips para elegir correctamente tu dominio

Antes que nada, ¿qué es un nombre de dominio? La respuesta puede sonar curiosa, pero no es más que un ayudamemoria. Verás, lo que llamamos sitio web no es otra cosa que un conjunto de documentos almacenados en el disco de una computadora ubicada en algún lugar del mundo, posiblemente muy lejano a allí desde donde tú accedes a ella. Para poder ver estos documentos, es necesario que le digas a tu navegador la dirección de la computadora de destino. Ahora bien, la manera en que se comunican entre sí las computadoras es por medio de una dirección IP, que consiste en cuatro cadenas de números que van entre 0 y 255 separadas una de otra a través de un punto. Por supuesto, recordar una IP es difícil e impracticable, y por eso existen los nombres de dominio, que no son otra cosa que un alias único e irrepetible que conducen a la dirección IP a la que queremos acceder.

El sentido del dominio es que sea más fácil de recordar que la IP

Porque, vamos, si te resulta más fácil memorizar doce números es que algo debe andar mal con el dominio que elegiste. Un dominio debe ser una palabra, o a lo sumo una conjunción de palabras, que te resulte sencillo recordar. A tí y a tus clientes. Por eso es necesario prestar mucha atención al nombre de dominio. Hoy te vamos a dar algunos tips sobre cómo elegir el nombre de dominio para tu página web.

El dominio da identidad

Debes tener en claro que el dominio otorga identidad, especialmente si tus actividades se desarrollan en Internet. Es importante, entonces, que no te tomes a la ligera la elección del mismo. Si prestas atención, hay empresas de primer nivel que directamente son su dominio, tales como despegar.com, MercadoLibre o almundo.com. Por lo tanto, una vez que elijas tu dominio, no vas a poder cambiarlo. No, al menos, sin echar por la borda todo el trabajo realizado en construcción de la marca. Así que te sugiero que te tomes muy en serio qué dominio vas a usar para tu negocio.

1- Incluye tu marca o tu nombre

Por todo lo dicho más arriba, una de las primeras sugerencias es que tu dominio incluya tu nombre o tu marca. Esto también trae aparejadas algunas consideraciones a tener en cuenta. En primer lugar, que tengas una marca. Tu nombre, tu apellido, un nombre de fantasía incluso. En este último caso sería bueno que la que selecciones tenga algo que decir acerca del rubro y del público al que te vas a dirigir. Una tormenta de ideas entre amigos y colaboradores suele ser una buena estrategia para encontrar la marca que te represente. Ahora bien, es posible que la palabra que elegiste como marca no esté disponible como dominio. En ese caso puedes probar añadiendo una palabra relacionada con el rubro. Por ejemplo, supongamos que fabricas muebles, y que el nombre de fantasía de tu empresa es Del Bosque. En ese caso, mueblesdelbosque.com podría ser una buena alternativa.

2- No debe ser largo

Como sea, el dominio no puede ser demasiado largo. Entre 15 y 19 letras debería estar el límite máximo. Si consigues uno de menos de 10, aún mejor. Es lógico que a esta altura de la historia de Internet, encontrar un nombre bueno, original, corto y disponible es una tarea cada vez más difícil. Pero las combinaciones de dos o tres palabras cortas todavía se pueden encontrar con relativa facilidad.

3- Ortografía inequívoca

Otro tema es el de la ortografía. Tus posibles visitantes no deben tener la menor duda acerca de cómo se escribe el dominio de tu página. El motivo es obvio: si un potencial cliente escribe mal una sola letra de tu dominio, no se dirigirá a tu página sino a alguna otra. Esa otra puede que no exista, que corresponda a otro fabricante de otro rubro en otro lugar del mundo, o que corresponda a tu competencia. así que para evitar perder clientes, lo mejor que puedes hacer es asegurarte de que no haya posibilidades de que lo a escriban mal.

4- Que sea fácil de escribir y recordar

Para esto también es importante que el dominio sea fácil de escribir y de recordar. De nada sirve un dominio original e impactante si tus clientes no lo recuerdan. Puedes tomar como ejemplo a la cantante islandesa Björk Guðmundsdóttir. El público anglosajón jamás habría aprendido su apellido, así que para salir al mundo tuvo que convertirse simplemente en Björk (que ya de por sí es bastante complicado).

5- Palabras clave

Es buena idea entonces que para construir tu dominio uses palabras clave relacionadas con el rubro. Ayuda a su posicionamiento en buscadores y hace más fácil que tus clientes lo recuerden. Los tres dominios de marcas consagradas que mencioné más arriba sirven también como ejemplo para esto. Si bien en un pasado reciente muchas empresas abusaron de este recurso para estar en los primeros lugares de Google y otros buscadores, es cierto que hoy por hoy ya no resulta una variable tan utilizada, principalmente porque los algoritmos de búsqueda e indexación de estos ha cambiado. Mi consejo es que le des prioridad a tu propia marca, sin descartar la posibilidad de sumar una palabra clave para reforzar la idea.

6- Evitar caracteres no alfabéticos

Ahora bien, es posible que en algún momento te sientas tentado a utilizar algún tipo de caracter no alfabético para tu dominio, como puede ser un número o un guión. No lo hagas. La gente está acostumbrada a que los dominios se escriban de corrido, en letras minúsculas y sin espacios. Por caso, mueblesdelbosque.com está bien; pero si en vez de eso le pones “muebles-del-bosque.com” te verás obligado a aclarar “con guiones entre las palabras” o “muebles-guión-del-guión-bosque.com”. Te estarás complicando la vida sin sentido con algo que se soluciona simplemente no usándolos.   

7- Escucha cómo suena

Y por eso mismo es que antes de comprar tu nombre de dominio lo pronuncies en voz alta unas cuantas veces para que escuches cómo suena. ¿Es armonioso? ¿Fácil de pronunciar? Sientes que representa lo que quieres que represente? ¿Crees que tú mismo lo vas a recordar? Hazte estas preguntas y recién después pasa al siguiente escalón.

8- Testealo con conocidos

El siguiente escalón es la prueba con conocidos. Pueden ser amigos, familiares, clientes, compañeros de escuela, mentores o quien tú creas que te puede dar una opinión valiosa. Si a la mayoría de ellos (o a los que mejor criterio crees que tengan) les gusta, entonces ya casi lo tienes.

9- Violación de copyright

Y digo casi porque todavía quedan dos cosas más por hacer. La primera es verificar que el nombre de dominio que elegiste no corresponda a ninguna marca existente. Todos queremos que nuestro negocio triunfe, y te aseguro que no es nada divertido que cuando tu nombre comience a hacer ruido en Internet aparezca alguien para decirte que no puedes usarlo.

10- ¿Qué extensión debo elegir?

Por último queda una última variable a considerar: la extensión. La extensión son las tres letras (aunque pueden ser dos, cuatro, o incluso más) que se escriben después del punto. ¿Debes usar .com, .net, .es, .com.ar, .org? En este caso la respuesta no es muy complicada. Desde el surgimiento de Internet que el standard para las extensiones de dominio comerciales es .com, de manera que salvo para casos muy puntuales es esta la que deberías utilizar. ¿Y cuáles son esos casos puntuales? Bueno, una posibilidad es que estés decidido a llevar adelante tus actividades exclusivamente dentro de las fronteras de tu país. En ese caso, usar el dominio local (.es en España, .mx en México, etc.) puede ser una buena idea, pero debes tener en cuenta que muy probablemente aparezcas muy relegado en las búsquedas internacionales. Otras posibilidades son: .net en el caso de que operes a través de Internet; .org para organizaciones de cualquier tipo; .info para sitios o blogs de prensa, etc. etc. Salvo unas pocas extensiones restringidas a organismos gubernamentales, organizaciones de bien público, instituciones educativas y otras similares, la mayoría de las extensiones están disponibles para cualquiera que quiera utilizarlas. Aunque claro, ninguna está tan difundida como el viejo y querido .com.

11- No lo pienses demasiado

Muy bien, ¿ya has decidido cuál va a ser tu dominio? ¡Entonces no pierdas más tiempo y corre a registrarlo! Permanentemente se están comprando y vendiendo cientos de miles de dominios. No queremos que luego de todo el trabajo que te tomaste para elegirlo alguien lo esté contratando justo ahora y tengas que empezar de nuevo.

12- Registra todas las variaciones posibles

Por este mismo motivo es conveniente que en la medida de lo posible contrates todas las variaciones posibles de tu nombre de dominio. Normalmente los servicios de hosting permiten que dos o más dominios apunten al mismo sitio. Entonces, ya sea mueblesdelbosque.net, .org, .com.ar, delbosquemuebles.com, etc., es preferible que todos esos dominios conduzcan a tu sitio y no al de tu competencia u otro website sin ningún tipo de relación con el tuyo. Ya sé que no puedes gastar todo tu dinero en comprar dominios, pero en muchos casos la seguridad que te ofrece esta inversión es algo que vale la pena.

13- Mejor registrarlo por varios años

Del mismo modo, cuanto más largo el periodo de contratación de tu dominio, mejor. Te asegurarás de contar con él durante todo el tiempo necesario para hacer crecer tu empresa, te costará menos dinero y los buscadores te tomarán más en serio al considerar el tuyo como un proyecto a largo plazo.

14- Atento a la renovación

Eso sí: debes saber que ningún dominio se compra por siempre. El contrato puede durar un año, dos, cinco, los que sea, pero tarde o temprano acaba. Cuando este momento llegue debes estar atento y renovarlo antes de su vencimiento. Si no lo haces es muy probable que algún inescrupuloso (te aseguro que de esos hay miles) compre tu dominio recién vencido y después quiera vendértelo por mucho más dinero del que te costaría normalmente en el mercado, con el consiguiente perjuicio para tu negocio (en especial si no puedes volver a comprarlo). Por lo tanto te recomiendo que no duermas con eso, y un mes antes de la fecha de renovación asegurarte de que el dominio vaya a seguir estando en tu poder.
Si has seguido estos consejos, muy probablemente ya estés disfrutando del mejor dominio para tu página. Ahora es tiempo de ocuparse del hosting o alojamiento web, es decir, de conseguir un buen lugar físico, seguro y estable, donde alojar los documentos de tu sitio. Pero eso lo dejaremos para un próximo post.
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Mentalidad de abundancia: Descubre hoy cómo cambiar el mundo

¿Qué es la mentalidad de abundancia? Hay un nuevo paradigma que sirve no sólo para el mundo de los negocios y viene a reemplazar el concepto económico de la escasez. Vamos a ver de qué se trata. Y ya que son conceptos opuestos, sería bueno empezar por entender qué es la escasez.

“Según la ciencia económica, los recursos materiales son limitados y la capacidad para producirlos también, mientras que los deseos y las necesidades humanas son ilimitadas. La escasez, entonces, es la interrelación entre esas necesidades y los recursos disponibles.”
“Escasez”. En: Significados.com. Disponible en: https://www.significados.com/escasez/ Consultado: 1 de enero de 2019, 05:53 pm

Si los recursos son limitados pero las necesidades no, quiere decir que no alcanzan para todo el mundo. Entonces es comprensible que cada individuo procure asegurar la satisfacción de sus propias necesidades por sobre las de los demás.

Crecimos en una sociedad que fomenta la competitividad como manera de destacarse. No se trata de ser mejor que el otro, sino incluso de hundirlo si es lo que hace falta. Vemos al competidor como enemigo y ponemos tanta o más energía en su derrota que en nuestro propio éxito, al que llegamos a dejar en un segundo plano.

¿Pero qué pasa si los recursos y su producción también son ilimitados? La competencia desmedida no tendría sentido. Afortunadamente en los últimos años el paradigma está cambiando. Así aparece la mentalidad de abundancia. Si hay suficiente para todos, compartir los recursos, incluso cooperar con el éxito de mi competencia, no solo no me perjudicaría sino que permitiría crear una red de colaboración que terminaría siendo beneficiosa para todos. De eso se trata la mentalidad de abundancia.

¿Y cómo es posible que los recursos sean ilimitados? Estamos en una situación de crisis, el dinero no alcanza y en cualquier lugar del mundo al que nos asomemos encontramos pobreza y desigualdad. Esto claramente nos indica que el sistema económico basado en la escasez ya no funciona. Es necesario poner en marcha uno nuevo. Y los emprendedores son la piedra fundamental para esto.

Imaginemos por un momento. Yo me dedico al marketing online, y mis competidores también. Nuestro trabajo es hacer que nuestros clientes crezcan. Establecemos con ellos relaciones ganar-ganar en las que el éxito de uno lleva al éxito del otro. A su vez, los clientes de mis competidores son alternativamente clientes y proveedores de los míos. Si mi competencia hace bien su trabajo, y nuestros clientes comparten la misma filosofía que nosotros, eso hace que el flujo de capitales se mueva de tal manera que resulte en ganancia y crecimiento para todos nosotros. Mi competencia vende más, sus clientes venden más, mis clientes venden más y yo vendo más. Todos trabajamos por el bien del sistema y todos ganamos. ¿Por qué? Porque los recursos son ilimitados. Solo hay que producirlos.

Sí, suena todo muy idílico. El mundo real no funciona así, podrás decirme. Pero los grandes cambios empiezan por los individuos, continúan con las comunidades y se proyectan a la sociedad. En este momento grandes comunidades de emprendedores a lo largo de todo el mundo promueven la mentalidad de abundancia. Está en nosotros crear un mundo nuevo, más justo y equitativo.
El mundo es nuestro, emprendedores.